
Podemos pagar a otros para que limpien nuestra casa, nos hagan la declaración de la renta, nos enseñe inglés y nos operen. Podemos permitirnos un buen masaje, incluso sexo o un viaje psicodélico con drogas por un puñado de euros para conseguir un atisbo de ese éxtasis que se nos antoja resbaladizo en la vida diaria.