
La odiosa encargada de la angustia, “¡la espera!”, ha sido eterna como siempre. Milisegundos, milisegundos, milisegundos… Envuelve con un pañito el dispositivo que está ceñido a su delicada muñeca. Por nada afloja el control para superar la tendencia a querer gobernar casi todo; no admite que las cosas no son como espera que sean, definitivamente no acepta la situación.
Comentarios
(el suspenso se adueño..)
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