
Su giboso cuerpo anida extenuado de hospedarse en el ayer, pero su psique, se regocija en la retentiva de saberse vivo en el colorido aroma que Marie Anne ha diseminado entre los frondosos árboles. Las desvencijadas suelas de sus zapatos denuncian el golpeteo deslizado por sus rígidas venas, engendrado por las incontables estaciones, ellos besan con pesadez la desmenuzable tierra indomable.