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LA SEÑORITA DASHWOOD

ELIZABETH TAYLOR

Pero como ocurre a menudo, las relaciones no son fáciles y están llenas de obstáculos, obstáculos que tendrán que sortear para poder consolidar su idilio.

Este clásico contemporáneo inédito en castellano hasta ahora muestra claramente la influencia que en Elizabeth Taylor tuvieron autoras como Jane Austen o las hermanas Brontë. Elizabeth Taylor, no hay que confundirla con la actriz, está considerada como una de las grandes autoras británicas del siglo XX. Como curiosidad, podemos destacar que Winston Churchill fue un gran admirador de la autora y que las ventas de sus libros, en su día, superaron las de  contemporáneos como Rudyard Kipling.

Nº de páginas:
Encuadernación:
Año de edición:
Editorial:
240
Rústica
2012
Ático de Libros | www.aticodelibros.com

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ELIZABETH TAYLOR

| Inglaterra | 1912

Fue una novelista y escritora de relatos británica. Kingsley Amis la describió como “una de las mejores novelistas inglesas nacidas en este siglo”; Antonia Fraser se re[irió a ella como “una de las escritoras más injustamente olvidadas del siglo XX” y Hillary Mantel dijo que era “hábil, buena escritora y no se le habían reconocido lo bastante sus méritos”.
Fue brevemente miembro del Partido Comunista y luego apoyó durante toda la vida al Partido Laborista británico. Su primera novela, En casa de la señora Lippincote se publicó en 1945 y fue [inalista del Premio Booker con Mrs. Palfrey at the Claremont. Seguirían once más, entre ellas, La señorita Dashwood (1946), quizá la que muestra más claramente la in[luencia de Jane Austen en su obra. Las novelas de Taylor tratan de las situaciones de la vida cotidiana, sobre las que escribe con destreza. Sus agudos pero cariñosos retratos de la vida de la clase media y media‐alta inglesa le valieron un [iel seguimiento de lectores con gusto literario, así como leales amigos en el campo de las letras. Fue amiga del novelista Ivy Compton‐Burnett y del novelista y crítico Robert Liddell. Anne Tyler la comparó en una ocasión con Jane Austen, Barbara Pym y Elizabeth Bowen, diciendo que eran las cuatro “hermanas del alma”.